Categoría:
Adoración
Descripción:
Este es el tercer artículo de una serie que trata las formas de cómo mejorar el
culto de alabanza y adoración de su iglesia. En este artículo el Dr. Donald S.
Whitney habla sobre cómo reformar la música de adoración según la frase
bíblica: «salmos, himnos y cánticos
espirituales». Además, ofrece algunas ideas acerca de los «especiales», los
aplausos, el uso de un retro-proyector o presentaciones PowerPoint versus himnarios, etcétera.
Parte III
Por
Donald S. Whitney
Casi
todas las personas a las que les pregunto creen que la alabanza y adoración de
su iglesia necesita mejorar. Generalmente los cambios que tienen en mente se
relacionan más con los cantos y estilo musical preferidos que cualquier otro
aspecto.
Como
lo indica el título, este es el tercer artículo de una serie que trata las
formas de cómo mejorar el culto de alabanza y adoración de su iglesia. En este
artículo escribo acerca de cómo reformar la música de adoración según la frase
bíblica: «salmos, himnos y cánticos
espirituales». Por años cité, y aún así no me fijé, en algunas de las
enseñanzas bíblicas más obvias acerca de qué cantar en un culto de adoración.
Desde mi perspectiva, como predicador y maestro que sirve en docenas de
iglesias todos los años, la mayoría de las congregaciones serían bendecidas si
observaran con una fresca mirada este y otros pasajes que tratan el tema de la
adoración.
Además,
ofrezco algunas ideas acerca de los «especiales», los aplausos, el uso de un
retro-proyector o presentaciones PowerPoint
versus himnarios, etcétera. Espero que el Señor utilice este artículo para
mejorar la adoración y edificación de su pueblo en muchas iglesias locales.
1. Cante salmos
Aturdido.
Esa es la palabra que utilizaría para describir mi repentina conciencia sobre
mi negligencia ante un claro mandato bíblico. Estuve involucrado en el
liderazgo de los cultos de adoración por más de quince años antes de darme
cuenta de lo que muchos cristianos y denominaciones enteras habían entendido
por siglos: Dios nos manda a cantar salmos.
El
libro de los Salmos fue inspirado por Dios para que fuera el libro de los
cánticos de su pueblo. El ser este el propósito de los Salmos es como si Dios
dijera: «Quiero que me alabes; y aquí están las palabras que quiero que
cantes.» Y no es que nuestro Nuevo Testamento no indique nada sobre que las
personas del Nuevo Pacto de Dios no necesitan cantar Salmos, ya que nos da dos
mandamientos sobre qué debemos entonar «salmos, himnos y cantos espirituales»
(Efesios 5.19; Colosenses 3.16). Aunque sabía estos pasajes de memoria, nunca
los había obedecido conscientemente a la hora de guiar al pueblo de Dios para
cantar salmos en el tiempo de adoración. Ahora difícilmente puedo planear un
culto de adoración sin pensar en cantar al menos un salmo.
Una forma de empezar a cantar salmos es examinando los cantos que su
iglesia entona en la actualidad e identificar aquellos que se basan
substancialmente en las palabras de algún salmo. Para muchos, esto involucraría
simplemente buscar en el índice de las Escrituras en la parte de atrás de sus
himnarios. Luego hacer un esfuerzo consciente para entonar a menudo los cantos
basados en los salmos, recordándole a la congregación los mandatos que hablan
sobre cantar salmos.
Otra forma es utilizar la colección de salmos métricos de Isaac Watts
(usted los pueden obtener en formato de libro o en Internet). Esta colección es
de dominio público así que puede utilizarlos en sus diapositivas o incluso en
sus boletines. Casi que todos están en métrica común, lo que significa que
todos (incluso aquellas personas que no saben leer música) pueden asociar los
textos a las tonalidades que la gente ya conoce. Por ejemplo, todos aquellos
que están en métrica común pueden cantarse casi en cualquier tonalidad, tales
como la tonalidad de Sublime Gracia.
También debería saber que Watts —a mi parecer correctamente— interpretó los
Salmos a la luz de Cristo y del Nuevo Testamento y esto lo refleja en su
himnario.
Una tercer opción es utilizar los recursos de las editoriales que se
especializan en materiales para cantar salmos. Finalmente, anime a las personas dotadas de su iglesia a que
compongan nuevas tonalidades para los Salmos.
En
todos los casos, cuando introduzca un canto basado en los Salmos en el culto de
adoración de su iglesia, guíe la atención hacia los pasajes que nos instruyen a
cantar salmos y observe cómo estos nuevos cantos representan un intento
deliberado para obedecer a Dios. Y cuando los cante, frecuentemente señale no
solo el nombre de la pieza, como «Alabad a nuestro Dios en su santuario» sino
indique que esto es un salmo.
Si
bien todos podemos testificar acerca de las bendiciones que hemos recibido al
entonar otros cantos, ¿no tiene sentido que cantar las propias palabras que
Dios ha inspirado para nosotros nutrirán nuestras almas de una forma única?
2. Si usted considera que el estilo de
adoración de su iglesia es histórico, entonces asegúrese de cantar himnos y
canciones espirituales
Por
«histórico» me refiero al creciente número de iglesias que han re-descubierto
la práctica bíblica de cantar salmos. Hay una posición conocida como Exclusive Psalmody (la creencia de que
la Biblia limita nuestros cantos de adoración exclusivamente a los salmos) con
la que yo respetuosamente difiero. Pero aquí no me refiero a aquellos que
mantienen esta posición. Por el contrario, me refiero a aquellos que han
regresado a la alegría y belleza de cantar salmos, sin embargo, han reaccionado
exageradamente a la hora de cantarlos al punto de ignorar los himnos y cantos
espirituales que también manda Dios en Efesios 5.19 y Colosenses 3.16. Es tan
incorrecto abandonar los himnos y cantos espirituales que la Escritura instruye
como ignorar los salmos.
Por
cierto, al regresar obedientemente a los cantos de los salmos, no permita que
su culto de adoración se convierta en uno anacrónico. La iglesia debería diferenciarse del mundo, y esto
algunas veces incluirá cantar tonalidades más antiguas que los creyentes han
cantado por siglos. Como lo dije anteriormente, los antiguos salmos métricos
(tales como los de Watts) pueden cantarse en tonalidades contemporáneas (eso si
la tonalidad comunica apropiadamente el espíritu del texto). Usted incluso
puede componer nuevas tonalidades. Pero una cosa es sonar irrelevante para el
mundo; y otra sonar de esa forma para hacer madurar a los creyentes.
3. Si usted considera que el estilo de
adoración de su iglesia es tradicional, entonces asegúrese de cantar salmos y
cantos espirituales
Admitámoslo,
definir «salmos y cantos espirituales» es como tratar de definir el amor.
Revise veinte comentarios y encontrará veinte explicaciones diferentes del
significado de estos términos. Algunos (los de la posición Exclusive Psalmody) creen que toda esta frase se refiere a los salmos
del Antiguo Testamento, mientras otros piensan que no. Muchos cristianos
carismáticos creen que los cantos espirituales son algo parecido a cantar en
lenguas. Algunos eruditos piensan que los tres términos básicamente significan
lo mismo, cantos con un contenido religioso y en oposición a los cantos
seculares.
Si
bien el debate acerca del significado de las Escrituras siempre es importante,
tarde o temprano llegará el momento para actuar y decidir cuál será la música
del culto del domingo. Los líderes comprometidos a entonar cantos con una base
bíblica deben escoger una posición que pueda explicar el significado de estos
términos y deben seleccionar cantos específicos en una forma apropiada.
Para
llegar a una interpretación apropiada de la frase debemos preguntarnos: «¿Qué
entendía el apóstol Pablo por salmos,
himnos y cantos espirituales cuando fue inspirado por Dios a escribir estas
palabras?» O para ponerlo de otra forma, «¿qué tipo de cantos le decía Pablo a
las personas que cantaran cuando él fundaba iglesias?» Obviamente, no pensaba
en los cantos que hoy día se cantan en las iglesias, a excepción de los Salmos,
nuestros cantos de adoración se escribieron siglos después de que Pablo
muriera. Aún así, para ser bíblicos en los cultos de adoración nuestros cantos
deben acoplarse a la norma de salmos,
himnos y cantos espirituales.
Tomo
la frase salmos, himnos y cantos
espirituales para indicar (1) los salmos
del Antiguo Testamento; (2) los himnos
para o acerca de Dios, y (3) los cantos
sobre asuntos espirituales, es decir,
la vida y experiencia cristiana. Los
Salmos se pueden cantar (o incluso ser recitados) palabra por palabra de la
Biblia, o se pueden poner en forma
métrica para que sea más fácil cantarlo en el idioma materno (nota del autor).
Los himnos y cantos espirituales pueden adaptarse o tomarse directamente de la
Biblia, pero generalmente son composiciones originales de escritores no
inspirados. Ni la duración, antigüedad, ni el estilo de la tonalidad determina
si es un himno o un canto espiritual. Tanto los himnos como los cantos
espirituales pueden ser tan breves como un par de líneas o llegar a tener
varias estrofas. Además de nuestros himnos más antiguos, todos los días se
escriben nuevos himnos con melodías contemporáneas, y cada domingo muchos
cristianos entonan cantos espirituales que tienen siglos de existencia, no solo
aquellos que han sido recién compuestos. Tanto himnos como cantos espirituales
han sido compuestos principalmente para expresar las convicciones de la mente
cristiana o los sentimientos del corazón del creyente, o una combinación de
ambas. Sin embargo, en términos generales, los himnos están dirigidos a Dios;
los cantos espirituales al hombre (ya sea para enseñar o aconsejarnos).
Así
que a veces es difícil distinguir entre un himno y un canto espiritual porque
muy a menudo comparten muchas cualidades. De hecho, los buenos himnos y cantos
espirituales a menudo tendrán mucho en común con los salmos. Eso se debe a que
muchos de los salmos del Antiguo Testamento no solo están dirigidos y hablan
acerca de Dios (lo cual es la esencia de un himno), sino también hablan sobre
la experiencia del creyente (la cual es el distintivo de un canto espiritual).
De esta forma, incorporan las marcas que distinguen a un salmo, un himno y un canto
espiritual; todas en uno.
En
resumen, es el contenido de un canto
lo que determina si pasa la norma bíblica y así utilizarlo en un culto de
adoración como salmo, himno o canto espiritual. Y en todos los casos, si la
letra no es tomada de la Biblia, entonces debe ser consistente con la enseñanza
de ella. Eso no significa que deberíamos cantar verdades si la melodía es mala,
y ciertamente no deberíamos entonar un canto pobremente escrito o
teológicamente débil solo porque a todo el mundo le gusta la tonalidad.
Deseo
continuar con mi estudio sobre este tema, y estoy abierto a la instrucción de
los demás. Pero cualquier idea que usted crea que es el significado de estos
términos «salmos, himnos y cantos espirituales» —y la verdad es que ellos sí
significan algo— los tres claramente
deberían cantarse en el culto de adoración a Dios. Por tanto, si su iglesia
aboga principalmente por la tradición de cantar himnos, no rechace el mandato
de entonar salmos y cantos espirituales.
Ya
que anteriormente discutí el tema de cantar salmos, ahora me concentraré en los
cantos espirituales. Algunas personas creen que los cantos espirituales
equivalen a la música contemporánea, y para ellos todo lo nuevo está mal. Pero
recuerde que el propio Pablo entonaba cantos espirituales, y mandó a las
iglesias a hacer lo mismo. Los creyentes siempre han cantado sobre temas de la
vida cristiana, así que los cantos espirituales han estado presentes por más de
dos mil años. Sin embargo, es muy probable que todos los cantos espirituales que Pablo entonaba eran nuevos en
esos días. Así que desde los inicios de la iglesia los cristianos han adorado
con cantos espirituales que son contemporáneos.
Algunas
de las objeciones más comunes (o argumentos más recurrentes) a la hora de
querer entonar cantos espirituales pareciera que se basan más en las
preferencias que en cualquier otra característica. ¿Muy breve para ser
sustancial? Bueno, la Doxología es
bastante corta. Y cuando leo algunos de los que parecen ser cantos en
Apocalipsis (por ejemplo 4.11; 5.9–10; 5.12; 5.13), su brevedad me asombra como
los cantos entonados en muchos coros contemporáneos. Si estos breves cantos son
tan valiosos como para que en el cielo los entonen, entonces ¿quién podría
debatir en cantarlos en la iglesia? De hecho, uno de las características más
interesantes de los mejores coros es que han sido tomados de las Sagradas
Escrituras. ¿Muy repetitivo? Algunos de los salmos son bastantes repetitivos.
No olvide que el Señor inspiró el Salmo 136 y este es bastante repetitivo. En
él, la frase «porque para siempre es su
misericordia» aparece veintiséis veces. Y si Dios se place en escuchar a
cuatro seres alrededor del trono adorándolo con la misma oración día y noche
sin detenerse (lea Apocalipsis 4.8), entonces no podemos decir que la
repetición provoca que un canto sea inaceptable para el Señor.
Así
que el debate casi siempre regresa al punto del estilo musical. Los cantos tradicionales generalmente se entonan
con melodías un poco más antiguas, y las composiciones más nuevas tienden a
reflejar música contemporánea. Y cada uno de nosotros se inclina hacia uno u
otro según nuestras preferencias. Pero si el texto está bien escrito y no
contradice las Escrituras, y si la música calza muy bien con el texto, y todo
en conjunto se canta con reverencia, todos deberíamos estar dispuestos a
entonarlo sin prestarle atención a la fecha de su composición.
Es
cierto que muchos de los cantos contemporáneos son poco profundos. Pero también
es cierto que muchos cantos antiguos son poco originales y anticuados, sin
ninguna cualidad perdurable. En ninguno de estos casos se debiera entonar un
canto. Y en algunas ocasiones líderes insensibles interesados más en la
aplicabilidad que en la fidelidad o unidad obligan a la congregación a aceptar
demasiados cantos contemporáneos. Sin embargo, debemos recordar que Dios ha
levantado compositores y escritores fieles en todas las generaciones. Y así
como los teólogos y predicadores trabajan para comunicar la verdad de Dios a
sus contemporáneos, nuestros compositores nos ayudan a expresar por medio de la
música de nuestra propia época la verdad invariable de Dios. No deberíamos
esperar entonar solamente cantos escritos por anteriores generaciones de
cristianos así como nunca deberíamos esperar leer solamente las obras escritas
por anteriores generaciones de predicadores y teólogos. Debemos valorar y
preservar lo mejor de sus obras y utilizarlas en nuestra vida.
Las
Escrituras repetidamente nos enseñan a entonar «un cántico nuevo» (Salmos 33.3; 96.1–2; 98.1; 149.1; Isaías 42.10)
para el Señor. También se espera que «una
generación alabará tus obras a otra generación» (Salmo 145.4). Entre los
prácticos resultados de la obediencia a estos mandatos debería ser que así como
cada generación exitosa de cristianos entonaron un cántico nuevo para el Señor,
cada uno de ellos contribuirá a las expresiones de devoción a Dios e
incrementará el repertorio de alabanza de la iglesia.
4. Si usted considera que el estilo de
adoración de su iglesia es contemporáneo o una mezcla de estilos, asegúrese de
entonar salmos e himnos
Alguien
ha dicho que cuando una iglesia tradicional se renueva empieza a entonar cantos
contemporáneos, y cuando una iglesia contemporánea se renueva entonces empieza
a cantar himnos tradicionales. Creo que hay algo de cierto en esta declaración,
pero también deberíamos añadir que cuando ocurre alguna de estas dos
experiencias de renovación la iglesia también empezará a cantar salmos. En
cualquiera de los casos, reformar la música de adoración de una iglesia requiere
de voluntad y esfuerzo. Sea explícito con respecto a cómo los cambios son un
intento de obedecer las Escrituras. El pueblo de Dios generalmente responde
bien a la verdad de Dios cuando se le presenta en el espíritu correcto.
Reconozco
que la mayoría de las iglesias contemporáneas probablemente cantarán salmos con
tonalidades contemporáneas. Y si bien se pueden adaptar algunas de las letras
de los himnos tradicionales para que puedan ser entonadas con música
contemporánea, no deje de cantarlos con sus tonalidades originales. Algunas de
ellas simplemente no pueden ser superadas. Y aquellos que piensan que para
muchas personas los cantos convencionales no tiene ningún encanto, recuerde el
aprecio casi universal con respecto a la música tradicional navideña. Muchos
adolescentes y jóvenes no se pueden resistir a entonar cantos tradicionales así
como villancicos. Asimismo, cierta música patriótica obtiene el mismo tipo de
respuesta. En ocasiones como estas, incluso los no creyentes reconocen que hay
lugar para la música que ha sobrevivido al pasar de los años y las
generaciones. ¿Cuánto más debería la iglesia valorar sus propios tesoros
musicales que han sobrevivido el pasar del tiempo? ¿Cuánto más debería el
cuerpo de Cristo buscar entonar cantos que unifican en vez de dividir? Y si
bien llegará el día en que algunas piezas musicales desaparecerán, lo mejor de
la música de adoración tradicional durará para siempre.
Aún
más importante, puede haber un gran beneficio en saber que usted canta las
mismas palabras y melodías que el pueblo de Dios ha cantado por generaciones.
Cuando entonamos las mismas piezas y tonalidades que por años usaron nuestros
padres, abuelos, o héroes espirituales para alabar a Dios, se desarrolla en
nosotros un sentido de la resistencia y continuidad de la iglesia a través del
tiempo.
Además,
así como no queremos formar una generación de cristianos que estén
completamente desconectados con su propia cultura, tampoco queremos una
generación de creyentes que no conozca «Castillo fuerte es nuestro Dios»,
«Santo, santo, santo», o «Maravilloso es el gran amor». Perjudicaremos a las
futuras generaciones si solo les legamos cantos de adoración de nuestra época y
no les ofrecemos nada de las generaciones anteriores. Deberíamos heredar a
nuestros sucesores lo mejor que nuestros antepasados espirituales nos
confiaron, así como lo mejor de nuestro tiempo.
5. Utilice diapositivas, pero no se
olvide del himnario
Me
invitaron a predicar en una iglesia que utiliza el programa PowerPoint para presentar las letras de
los cantos. El pastor me contó de un incidente con sus hijos que le hizo
cambiar su perspectiva acerca de dejar de lado los himnarios. Durante las
vacaciones, él y su familia asistieron a la iglesia donde él había crecido. Al
principio del culto, el líder de adoración anunció el número de un himno y mi
amigo y su esposa buscaron sus respectivos himnarios. En medio de ambos,
estaban sus dos hijos, aproximadamente de cinco y siete años. Se dieron cuenta
que estos libros no eran Biblias, así que señalaron el himnario de su padre y
le preguntaron sinceramente: «¿Qué es eso?»
«Me
hizo darme cuenta —dijo mi amigo— que no quiero criar niños sin que sepan lo
que es un himnario.»
Utilizar
los medios electrónicos para presentar las letras de los cantos tiene sus
beneficios y utilidades, como lo he experimentado personalmente en muchos
lugares así como en la iglesia donde soy miembro. Sin embargo, hay mucho por
decir con respecto a mantener el uso de los himnarios (como lo hace mi
iglesia). Un himnario le permite a la congregación aprender sobre la historia
de la música y de la iglesia que de otra forma no conocerían. No sé leer
música, pero debido a que por años he utilizado el himnario (el cual tiene la
notas junto a las letras, a diferencia de solo ver los cantos en una pantalla o
en una hoja de papel), he aprendido un poco sobre las tonalidades, o cuando
sostener una nota, etc. Además, cuando leo al final del canto la historia del
compositor, por ejemplo, William Cowper, u otro héroe cristiano, mi conocimiento
de la vida de quien lo escribió me ayuda a profundizar en mi experiencia a la
hora de cantarlo. (Si a su iglesia se le dificulta el hecho de usar himnarios,
puede poner el nombre del compositor en la pantalla o en el boletín.)
Como
sociedad, nos estamos convirtiendo en analfabetos. Mantener el uso del himnario
expresa el valor que los cristianos le dan a los libros. Si usamos el himnario
durante el culto, podemos también influenciar a nuestros hermanos en su
crecimiento y experiencia cristiana fuera de las paredes del templo ya que hay
más posibilidad de que ellos utilicen el himnario en los tiempos de adoración
con su familia o en su tiempo devocional si ven que su congregación también lo
usa para adorar.
6. Promueva la oración colectiva
durante el culto de adoración
Muchas
iglesias tienen un tiempo de oración colectiva un día entre semana, entonces
¿por qué no en la mañana del domingo? Cuando pastoreaba una iglesia en Chicago,
pusimos esto en práctica y en muchas ocasiones era el mejor tiempo de oración
de la semana. Algunos de nuestros hermanos y hermanas, a quienes se les
dificultaba asistir al culto de oración de los miércoles en la noche, estaban
presentes los domingos y podían compartir de su madurez espiritual en nuestras
oraciones. Además, asistía más gente y las personas estaban más frescas —física
y espiritualmente— que durante la reunión de oración de mitad de semana.
Cada
iglesia tendrá sus propios desafíos logísticos para llevar a cabo la oración
colectiva, algunos de ellos se pueden resolver tan solo colocando unos cuantos
micrófonos en lugares estratégicos. También podría ser de gran ayuda que con
anterioridad le pida a ciertas personas que oren en el caso de que nadie más lo
haga. Usted también podría invitar a la congregación a que asuma una postura de
humildad ante el Señor —que se arrodillen si es posible, y si no que se pongan
de pie.
Una
posición neutral entre tener a una sola persona dirigiendo una oración pública
(aunque no apruebo el abandono total de esta práctica) y pedirle a varios que
lo hagan es solicitar que haya una sucesión de personas que dirijan una oración
colectiva ya sea desde el altar o desde un micrófono localizado en otra parte
del templo.
Nadie
duda de que la oración colectiva forma parte de la vida de una iglesia
saludable (ver Hechos 2.42). Y si pienso en eso, la diferencia principal entre
la oración colectiva en el culto de la mañana del domingo (por la cual estoy
abogando) y la oración colectiva en la reunión entre semana es el tamaño del
grupo. En la mayoría de las reuniones de oración de entre semana se canta y hay
una enseñanza de la Palabra de Dios, al igual que en el culto de adoración del
día del Señor. Lo único que queda por hacer en el culto del domingo es
organizar este tiempo para que todo mundo pueda escuchar.
7. Trate que no todos los domingos haya
un solo o música coral
La
mayoría de los líderes de adoración saben lo que se siente cuando un domingo en
la mañana alguien llama para cancelar el especial porque la persona que iba a
cantar un solo no va a poder asistir, o cuando le avisan poco antes de iniciar
el culto que faltan tantos miembros del coro que no se podrá contar con la
participación de este. A menudo esto provoca que el ministro de alabanza corra
a la cabina de sonido para buscar pistas u otro canto para entonar por enésima
vez.
Si
bien los solos o las piezas corales son formas de adorar, estos a diferencia
del canto congregacional, no son necesarios. La prioridad bíblica claramente se
enfoca en que la congregación cante toda junta. No sienta que es indispensable
tener algún especial musical todos los domingos. De hecho, prográmelo solamente
cuando haya un propósito específico para ese canto en particular. De lo
contrario, las personas podrían empezar a creer que los solos o la música coral
es un entretenimiento santo y un tiempo donde se entona música principalmente
porque hay un espacio reservado para ellos en el culto de adoración en lugar de
percibirlo como una función ministerial definida para ese domingo.
8. Utilice el silencio estratégicamente
El
silencio es extremadamente extraño en nuestra cultura. Encendemos el automóvil
y el radio salta a la vida y así hasta que apaguemos el motor. Los restaurantes
a menudo ponen música o encienden la televisión para que nos acompañe durante
la cena. Afuera, nos inunda el ruido de los automóviles y de los aviones.
Adentro, las computadoras se escuchan a la distancia. Los teléfonos celulares
nos interrumpen en cualquier lugar a donde vayamos. Es muy común levantarse de
la cama en la mañana y acostarse por la noche sin un solo receso de la
cacofonía de los sonidos creados por el hombre y sin ningún momento para
reflexionar sobre cualquier comentario que hayamos escuchado. Rara vez nos
detenemos, y pocas veces estamos en silencio.
Si
existe un lugar para que haya un momento de silencio intencional, ese es
durante el culto de adoración al Señor. Hacer una pausa para meditar, para
disfrutar de Dios, para sentir el peso de la verdad, para concentrarse en la
presencia del Señor —estas son las razones para un silencio meditativo ante
Dios, para el selah (la palabra
hebrea para «pausa») disfrutado docenas de veces en los Salmos.
Programe
un tiempo de silencio en el culto. Existen dos tipos de silencio en el culto:
el planeado y el espontáneo. Los silencios espontáneos son generalmente los
momentos embarazosos cuando el líder de adoración olvida lo que sigue, o cuando
hay un problema con el sistema de sonido, o en general cuando algo sale mal.
Los silencios planeados son aquellos periodos intencionales en medio de las
actividades de adoración y cuyo propósito es incrementar la adoración, o
mantener la resonancia de un momento profundo.
Sin
embargo, las personas generalmente asumen que el silencio en la iglesia no es
algo planeado (según muchos es cuando se va la señal de la radio o la
televisión), por eso, enséñele a su congregación sobre la importancia y belleza
del silencio en el tiempo de adoración. Muéstreles en qué partes de la Biblia
se habla sobre el silencio «delante del Señor» (Habacuc 2.20; Sofonías 1.7;
Zacarías 2.13) y luego indíqueles en qué momento ocurrirá en el culto de
adoración para que así puedan anticiparlo.
Así
que ¿cuándo debería haber un tiempo de silencio en el culto? En el segundo
artículo de esta serie recomendé un tiempo de silencio al principio del culto
—después de que las personas hayan tenido tiempo para compartir informalmente
como comunidad, y después de anunciar que la adoración está a punto de iniciar.
Pero el silencio también puede ser una forma poderosa para finalizar el culto.
Conozco varias iglesias donde la congregación se mantiene sentada para cerrar
con una oración. Luego después de un minuto de silencio se escucha música que
indica que pueden retirarse. Cuando predico, concluyo mi sermón con una
oración, y al final de ella a menudo le pido a la gente que permanezca en
silencio, para reflexionar sobre la verdad del mensaje y cómo el Señor la
aplicará. Quizá haya otro lugar mejor para tener un tiempo de silencio en el
culto de su iglesia, pero cualquiera que sea ese momento, recuerde que existe
claramente un tiempo en la adoración pública cuando es apropiado callar
«¡delante del Señor!» (Sofonías 1.7).
9. Permita que los aplausos sean algo
espontáneo y no rutinario.
Aplaudir
durante el culto de adoración a Dios se ha convertido en algo muy común en las
iglesias evangélicas. Algunos lo aprueban basados en que aplaudir expresa
aprecio por la ministración recibida a través de la música y reconocimiento por
la preparación puesta en la presentación. Se asume que los aplausos animan al
que lo recibe, además, el Salmo 47.1 menciona las palmas dentro del contexto de
la adoración («Batid palmas, pueblos todos; aclamad a Dios con voz de júbilo»).
Sin
embargo, ¿no se aplicarían estos mismos argumentos a aplaudir después de un sermón?
Si bien es cierto que dicho pensamiento dejaría atónitas a varias personas, ¿no
es verdad que el predicador necesita tanto ánimo como un cantante o un músico?
¿No deberíamos también reconocer su preparación? ¿Qué tal aplaudir después de
una oración que realmente nos tocó?
Además, ¿qué ocurre si usted no aplaude
después de la participación de un cantante o músico? ¿Eso no desanima a
aquellos que comparan la recepción silenciosa hacia su ministración con los
enérgicos aplausos que otra persona recibió? Y si le aplaudimos a todo el
mundo, ¿no se convierte eso en una mera obligación?
«¡Agradezcámosle
al Señor por habernos ministrado a
través del cantante o músico!» —algunos podrían decir. De nuevo pregunto,
¿entonces por qué no le aplaudimos al predicador o al que oró como una forma de
agradecimiento al Señor? Pero incluso cuando el aplauso va dirigido al Señor,
¿cómo discierne el cantante o músico la realidad de que la congregación no le
está aplaudiendo a él o ella? Si usted nunca ha estado al frente y si nunca ha
escuchado aplausos después de su participación en la adoración pública, le
puedo testificar que se siente muy extraño. ¿Usted reconoce o ignora los
aplausos? Si los reconoce, ¿no está llamando la atención hacia usted en lugar
del Señor? ¿Está recibiendo las gracias que estaban destinadas para Él? Si los
ignora, ¿no parecería un acto insensible hacia aquellos que desean mostrarle su
aprecio o que desean animarlo por medio de los aplausos?
Algunos
aprueban los aplausos cuando dicen: «En nuestra cultura aplaudir es la forma
más aceptable y común utilizada por un grupo de personas para expresar
simultáneamente su aprecio. Así que no hay nada de malo con que la iglesia
quiera aplaudir para agradecer a aquellos que cantan o tocan algún instrumento
[¿incluso aquellos que predican u oran?] en el altar». Eso es cierto, aplaudir
es la expresión normal de la gratitud colectiva en nuestra cultura, pero
también está íntimamente asociado con las presentaciones y entretenimiento.
Cuando aplaudimos todas las actividades del culto del domingo de la misma forma
en que lo hacemos cuando vamos al teatro, será más difícil eliminar la
atmósfera de entretenimiento en el culto de adoración, y se le dificultará más
a los líderes de adoración mantener alejado del altar una mentalidad de
presentaciones. La Biblia le indica a la iglesia otra forma para expresar
aprecio a Dios y a las demás personas en el culto de adoración: decir «amén».
En
la mayoría de las referencias bíblicas hacia aplaudir (alrededor de unas doce),
esta acción se hace no como un acto de celebración, sino como un acto de burla
(por ejemplo Lamentaciones 2.15). Sin embargo, habrá ocasiones en la adoración
cuando el aplauso espontáneo es incontrolable y apropiado. Por ejemplo, en la
iglesia donde soy miembro, si el pastor predica sobre «El Señor proveerá» y
anuncia al final del sermón que alguien donó anónimamente varios millones de
dólares a la iglesia y con ese dinero podremos comprar nuestro propio edificio,
usted puede estar seguro de que habría una explosión de aplausos y otras
expresiones impulsivas de alegría y celebración dirigidas a Dios. Sin embargo,
más allá de dichas ocasiones inusuales, es más apropiado expresar aprecio,
consentimiento, y ánimo en forma verbal con el conocido «amén» bíblico.
¿Y
qué si los aplausos son ya una costumbre es su iglesia? Exprese que usted
entiende las buenas intenciones detrás de ellos, y la realidad del deseo
cristiano de expresar gratitud y ánimo hacia los demás. Luego explique las
dificultades y peligros asociados con los aplausos en la adoración así como la
alternativa bíblica. Respetuosamente, pídales que dejen de aplaudir y que
empiecen a decir «amén». Mencione que algunos seguramente lo olvidarán y que se
escucharán unos cuantos aplausos ocasionalmente, pero con anterioridad pida al
resto que no se les una. Casi nadie aplaudirá semana tras semana cuando nadie
más lo hace. Si usted sabe que hay personas de ese tipo en su iglesia, hable
con ellos en forma privada. Pronto los aplausos rutinarios desaparecerán.
10. Permita que solamente creyentes
guíen a otros creyentes en el culto de adoración
Ya
que solamente aquellos que tienen el Espíritu Santo (es decir, los creyentes en
Cristo) pueden «adorar en espíritu y
verdad» (Juan 4.24), solo creyentes deberían encargarse de las funciones de
liderazgo en el culto de adoración. ¿Cómo puede alguien que no es creyente
dirigir a un creyente en la adoración «en espíritu y verdad» cuando el primero
es incapaz de hacerlo? Sin importar si la gente percibe la función del líder como
grandiosa o no, ningún enemigo que no se ha arrepentido ante Dios —sin importar
que tan agradable o talentoso sea— debería dirigir la adoración a Dios. El que
no puede adorar verdaderamente no puede dirigir la verdadera adoración.
Mientras
que esto obviamente excluye a las personas que no se han convertido de cantar
un solo o dirigir el canto congregacional, esta norma también les prohíbe
cantar en el coro o tocar algún instrumento, ya que estos también son funciones
del liderazgo de adoración, incluso solo cuando está como acompañante u en otra
posición. Es mejor adorar sin esa voz, ese instrumento, o esa destreza, incluso
si esto significa que alguien menos competente dirija o cantar sin
acompañamiento, que dar la impresión de que el pueblo de Dios no puede adorarlo
bien sin la ayuda de los que no son creyentes. Incluso es mejor arriesgarse a
que la persona se sienta ofendida y deje de venir a la iglesia que ofender a
Dios dándole responsabilidades del liderazgo de adoración a los que no son
creyentes.
En
muchas iglesias, la aplicación más difícil de esta norma será con el coro de
niños u otro tipo de participación en la adoración en donde haya niños que no
se han convertido. Debido a que son tan tiernos y a que sus padres adoran
verlos cantando («presentándose» podría ser una palabra más apropiada), esto
puede ser un asunto emocional. Recuerde, sin embargo, que nuestra adoración es
la adoración a Dios, y nada que nos
distraiga de él tiene lugar en la adoración. Una forma de adaptar el papel de
los niños sin comprometer su conciencia o distraer la concentración de la
congregación en Dios es hacer que los niños canten al principio, antes de que
el culto inicie. Esto también les permite dirigirse a sus asientos después de
su participación y distraer menos a la congregación que si lo hacemos durante
el culto de adoración. Por cierto, al presentar a los niños, y al tratar de
evitar la tendencia de las personas de aplaudir por algo realizado por los
pequeños, dígale a la congregación que si ellos desean animar a los pequeños
por lo que hicieron que lo hagan en forma verbal y no con aplausos. El lugar
para que los niños demuestren sus destrezas o aprendizaje no es durante el
tiempo en que deberíamos concentrarnos exclusivamente en el Señor.
Nota del autor:
Una
vez que re-organicemos el texto en una forma métrica ya no estamos cantando el
texto de esa traducción en particular. Pero hacemos esto para que el texto se
ajuste a las estructuras musicales que conocemos más, en otras palabras,
hacemos que el salmo sea más «cantable» en nuestro propio idioma. Por ejemplo,
la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a aprender y entonar canciones que
rimen al final de cada línea. Pero cuando traducimos los Salmos a nuestra
lengua materna, para luego re-organizar las palabras de tal forma que se
ajusten a nuestros estilos líricos, perdemos algunos aspectos de la poesía
hebrea. Como punto de comparación, tome cualquier poema de rima corta o las
palabras de cualquier canción popular que usted conozca, tradúzcala a otro idioma,
y podrá ver cómo se pierde mucha de la estructura poética. Dios nos manda a
cantar los Salmos y a menos que aprendamos hebreo (y no creemos que Dios espera
eso de todas las personas) debemos cantarlos en nuestro propio idioma.
(Recuerde que cuando Pablo le enseñó a los gentiles a cantar «salmos, himnos y
cantos espirituales», él los habría enseñado utilizando la Septuaginta, es
decir, la traducción griega del Antiguo Testamento, para que así pudieran
cantarlos en un lenguaje conocido para ellos, y no en hebreo). Para cantar los
Salmos en nuestro propio idioma debemos buscar formas para que estos sean
«cantables», y la mayoría escoge hacer eso utilizando palabras en una forma
métrica, como lo hizo Isaac Watts. Pero otros prefieren aprender algún tipo de estribillo
o componer sus propias tonalidades para los Salmos para que así puedan
cantarlos como aparecen en su Biblia. No es importante qué forma elija usted para cantar los Salmos, pero sí lo es si recuerda
cantarlos.
Este artículo se publicó por primera vez
en www.BiblicalSpirituality.org. Usado con permiso.
Título
del original: A Third Ten Ways to Improve your Church’s Worship
Service
Copyright
© 2002 por Donald S. Whitney.
Traducido
y adaptado por DesarrolloCristiano.com. Todos los derechos reservados